Sentido del humor

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Aristóteles
decía que el hombre es el único animal social, racional, capaz de
sonreír, pues los animales expresan el dolor y el placer pero no
sonríen. Por lo que el sonreír es en esencia una capacidad exclusiva
del hombre.

Todos los hombres tendemos a la felicidad. Es un anhelo universal;
nadie puede vivir sin ganas de ser feliz y el sentido del humor es un
efecto de esa felicidad.

Cada hombre nace con determinadas facultades y en la medida en que
desarrollamos esas facultades somos más o menos felices. Si
preguntáramos a un automóvil: ¿Cuándo eres más feliz?, (en caso de que pudiera hablar) nos respondería: Soy feliz cuando voy a toda velocidad y sirvo para que mi dueño se desplace de un lugar a otro. Y si le preguntáramos: ¿No te sentirías feliz lavando ropa?, nos diría: No, yo estoy hecho para ser un medio de transporte, soy un automóvil.

Entonces, si preguntáramos a un hombre: ¿Cuándo eres más feliz?, la respuesta sería: cuando
más amo, cuando mejor desempeño mi trabajo y cuando asumo el
sufrimiento cotidiano, el que la vida me presenta y no otro, pues sólo
en la medida en que sepamos actuar de acuerdo con el fin de nuestras
vidas podremos lograr la tan ansiada felicidad.

Así, la felicidad dependerá de la profundidad del ser y de la forma
en la que éste realice sus máximas aspiraciones; además, la felicidad
debe ser total, no parcial. O se es feliz por temporadas o se es
infeliz por temporadas, independientemente de los sucesos externos.

Si no eres feliz podrás ir a Acapulco o a Europa pero no lo serás,
ya que la felicidad es interior, pertenece a la hondura del ser. La
felicidad es tan propia del ser que no se nota, es como la salud. Nadie
se levanta diciendo: No me duele nada, qué bien me circula la sangre.
Es sólo el enfermo, cuando pierde la salud, quien se da cuenta de que
la tenía. Lo mismo sucede con la felicidad. Nos percatamos cuando no la
tenemos, cuando no somos felices.

Tagoré decía, la felicidad es como una noche sin luna, sólo de trecho en trecho hace guiños una estrella, todo lo demás es oscuridad.
La felicidad así, no se encuentra en el supermercado ni se puede pagar
con dinero, sólo se encuentra al buscar colmar nuestra propia
naturaleza, amando a quien debo amar, trabajando cuando debo hacerlo,
cumpliendo con mi deber y sufriendo lo que me toca y cuando me toca
hacerlo, como decíamos al principio. Todos los actos que nos aparten de
esto nos llevan a romper la armonía del ser y nos conducen a la
infelicidad.

La felicidad está en nuestra parte espiritual, en la inteligencia y
en la voluntad. Y se manifiesta por el gozo que se traduce en
serenidad, cuando en silencio se puede contemplar el mundo. En nuestra
parte psíquica la felicidad se traduce en alegría, que es un estado de
ánimo que ayuda a enfocar los problemas de una manera grata, apetecible
y positiva. De esta forma, si soy feliz tengo una resonancia biológica
en el cuerpo que es el placer, la serenidad y el sentido del humor.
Pero a veces se corre detrás del placer por el placer mismo y lo
buscamos fuera, olvidando que el verdadero placer resulta del deber
cumplido y no de otra forma.

Dicen que la felicidad es como una mariposa, mientras más la
persigues, más se aleja, pero si la olvidas y haces lo que debes hacer,
sin darte cuenta llegará sola y se posará en tu hombro.

El sentido del humor será esa manifestación externa de la alegría que es, a su vez, resonancia de la propia felicidad.

Si tenemos sentido del humor es señal de que somos felices o que
estamos en camino de serlo. Si no tengo sentido del humor, debemos
pensar que la felicidad es algo maravilloso y hay que ir por ella.

La alegría se manifiesta por la sonrisa, no por la risa, aunque la
gente que es feliz también se ríe, pero la sonrisa es lo más
característico. Cuando nos encontramos con una persona que a las siete
de la mañana sonríe nos llama la atención, pero si a las tres de la
tarde sigue sonriendo y lo más espectacular es que a las 11 de la
noche, también sonríe, eso significa que su propia interioridad le hace
sobreponerse a las circunstancias externas y son ese tipo de personas
las que admiramos porque causa un auténtico gusto convivir con ellas.

Vivir con sentido del humor es como viajar en un avión, donde somos
capaces de ver que si ahora estamos pasando por una cerrada cordillera,
más adelante estará un valle en el cual se podrá descansar. Así, aunque
se tenga una mala temporada se sabe que tiene que pasar y que vendrán
otras mejores, por lo que no debo cambiar mi estado de ánimo y mucho
menos perder mi sentido del humor.

Para adquirir el sentido del humor como una actitud, hace falta
renunciar a nuestro egoísmo y pensar más en los demás. El cansancio, la
enfermedad y la tristeza pueden ser los perores enemigos del sentido
del humor pero, ¿quién no conoce a un enfermo que a pesar del
sufrimiento siempre busca el momento para hacer una broma? En algunos
momentos el sentido del humor puede ser heróico, y de esto fue testigo
Santo Tomás Moro. Cuentan que este santo vivió en la época de Enrique
VIII, el cual rompió relaciones con el Papa de Roma y obligó a toda la
corte a hacer lo mismo. Tomás Moro prefirió seguir los dictámenes de su
conciencia y se rehusó a cumplir las ordenes del rey. Su familia le
suplicó que se retractara, pero se negó. Prefirió vivir el rechazo de
los demás y no su propio rechazo. El día que era llevado a la
guillotina con los ojos vendados, le pidió al verdugo, ayúdame a subir la escalera, que ya de bajar yo me encargo...
La ocasión me parece que no era propicia para hacer bromas, pero Tomás
Moro sabía que al cumplir su deber por duro que fuera, le traería más
satisfacción personal que si hubiera actuado de acuerdo con el miedo o
las conveniencias.

Tener sentido del humor es así: saltar los obstáculos de la vida
cotidiana, haciéndonos y haciendo a los demás la vida más agradable y
más llevadera. Debemos recurrir a una broma, una sonrisa o una palabra
cariñosa en cualquier momento del día. Una persona con sentido del
humor es siempre bien recibida y acogida.

¿Cómo adquirir este hábito? Una vez preguntaron al famoso pintor Monet cómo se hacía una obra de arte, y contestó: Si sale, sale; si no sale, hay que volver a empezar, todo lo demás son fantasías.
De esta manera, tenemos que esforzarnos por adquirir esa forma de
actuar ante las circunstancias buenas o malas. Si sale hoy, sale; si
no, hay que volver a empezar. Es una realidad que al principio cuesta,
si no, serían fantasías.

Y no olvidemos que:

Quien pierde dinero, no pierde nada;

quien pierde salud, pierde algo,

pero quien pierde el sentido del humor, lo pierde todo.